Casa de Alta Costura Mexicana, Lula Montes

En el trescientos tres de la calle Josefa Ortíz, en la ciudad de Toluca, se encuentra un discreto aparador que cobija prendas de calidad competitiva a nivel mundial.  Ahí dentro, cuatro mujeres desempeñan el desarrollo de prendas de alta costura.

Pareciera una nimiedad hablar de moda en México, después de un mes patrio  que hizo eco en el mundo por un nuevo terremoto del 19 de septiembre.

Pero no es precisamente de moda de lo que quiero hablar, sino de cómo una crisis nos puede llevar al desarrollo emocional, personal y económico. Además de empujarnos a ser agentes de cambio.

El año pasado tuve el gusto de portar un Lula Montes, entré a la tienda con una idea bastante fija de lo que quería, a los cinco minutos Lula y yo habíamos cerrado el trato y ella entrevistaba a mi mamá para tener una guía de hacía dónde encaminar su prenda.

Una de mis mayores sorpresas, fue que uno participa activamente en el diseño de la prenda,  ¿qué quiero decir con eso?, que el equipo que forman esas mujeres, se encarga de entrevistarte sutilmente, de observar tus movimientos, porte, actitudes. Y no pararán hasta que te lleves una prenda que te refleje, que sutilmente describa lo mejor de ti.

Son especialistas en amar lo que hacen y lo demuestran.

Anita, Bety, Navi y la Sra. Lula Montes, se encargan de elaborar y confeccionar sueños a medida.

Nunca me he considerado una fanática de la moda, pero sí de la clase y la elegancia; del sentirme cómoda, de la versatilidad. Es extraño lo que sucede con la moda en México: en general, la moda se transmite de una clase a otra, imitando a la que tiene un mayor poder adquisitivo; sin embargo, las prendas mexicanas que se valoran más,  son aquellas que imitan y recuerdan a nuestros pueblos originarios, que reúnen y enaltecen usos y costumbres, y los adecúan a nuestra contemporaneidad; y es justo eso lo que se logra en el pequeño taller.

Quisiera decir que lo mejor que ha hecho Lula Montes fue mi vestido, un diseño en shantung turquesa, cuya vista principal es un “Tenango de Doria”, pero no, la señora tiene entre sus clientes a gente que trabaja en la Organización de Naciones Unidas, a modelos y representantes de la artesanía en México. Ganó el premio Fundación Caballero Águila A.C. en 2008. Ella y su equipo en definitiva han encontrado el modo de cambiar vidas por medio de las oportunidades laborales.

Jacoba, su mano derecha en Temoaya, Estado de México, es una bordadora cuyo ejemplo inspiró un libro. Actualmente  tiene a su cargo a más de 20 mujeres que  hacen del bordado un arte, en un taller propio que construyó a partir de su participación en los diseños de Lula.

Anita, la encargada de trazo y corte, se lleva el premio al compromiso -con ella misma, la casa de costura y la clientela-, la prenda no sale del taller si no queda satisfecha con la calidad del corte. Verla trabajar es abstraerse por un momento de todo lo demás alrededor. Trabajó confeccionando trajes para el Ejercito Mexicano, desarrolló proyectos con poblaciones vulnerables, empoderando mujeres por medio de clases y generación de talleres de corte.

Bety, se encarga de cada uno de los detalles de las telas: limpieza, planchado, etc. Y de mantener un extraordinario orden dentro del taller, desde la bodega hasta el día a día de las mesas de trazo y corte.

Navi, la más joven de ellas, puede pasar horas enteras haciendo los detalles finos con sus dos manos además de discretas (y acertadas) observaciones en torno al diseño.

Lo mejor que me pudo pasar al fotografiar a ese extraordinario equipo, fue enterarme que ese sueño que hoy es la Casa de Alta costura Lula Montes, se gestó a raíz de un recorte de personal que hizo que Lula tuviera la necesidad de solventar su hogar, siendo en un comienzo la “costurera remendona” de sus amistades cercanas.

Quisiera decir que fue simplemente el azar lo que a llevó a realizar su primera prenda con bordados mexicanos, pero estoy convencida que fue la constancia y el trabajo lo que la ha hecho posicionarse.

En tiempos difíciles vale la pena compartir historias de éxito, aunque por el calor de lo apremiante parezcan nimiedades.

Hoy por hoy, me gusta saber que a veces las nimiedades son lo más importante (un dobladillo, un remate, un ojal…) , esas insignificancias que permiten lograr aquello con la cualidad de impresionarnos.