La confianza vs la paranoia // Recuerdos

Comencé a perder la confianza en la  gente hace unos 8 años,  el músico con quien salía traicionó mi confianza, el que fue mi mejor amigo (y novio como por dos semanas) terminó con su prometida después de leer un texto mío (supongo que tenían problemas y esa fue la gota que derramó el vaso, pero me hizo sentir culpable y me advirtió su obsesión conmigo aunque no pude creerlo entonces, el chavo hasta se inventó un perfil falso de Facebook pretendiendo ser “el hombre perfecto para mi”, me lo dejó entrever en la última charla que tuvimos de frente mientras comíamos pizza), y mi socio y yo nos peleamos fuerte de buenas a primeras. La tres personas que más sabían de mi, usaron mis dolores y confidencias para saber a quién quería más, y dos de ellos me advirtieron que seguirían mis pasos con sutileza.

Terminé por sentirme perseguida, confundida y con miedo de todas las personas con quienes platicaba, tenía miedo constantemente como lo hacía de niña. No sabía de donde iba a venir el siguiente golpe.

Eso contaminó mis relaciones pero sobre todo mi mente, es una historia que aun me cuesta trabajo contar con claridad. Cuando conocí a Markus le platiqué de la situación, pero aun así hubo ocasiones en que fue muy difícil absorberla como pareja. No quiero que mi pasado contamine mis relaciones presentes o futuras nuevamente.

Me alegra que dos de ellos ahora tengan hijos, supongo que la pesadilla terminó, mi vida ya no es importante para ellos, no creo que tengan tiempo o ganas de tenderme otra trampa. Supongo que las personas que conozco ahora tienen más madurez, así que empiezo a abrirme de nuevo o eso intento.

Esa época fue el pico que comenzó mi derrumbe mental…

Los últimos días han sido complicados, extenuantes mentalmente. He comenzado a tener recuerdos del tiempo que estuve perdida y de las noches anteriores en que no dormí, esas noches estuve inmersa en pánico, obsesionada con el orden y la limpieza, sintiéndome fuera de lugar, desconfiando de todo y de todos.

Hace dos días me agaché a recoger una moneda de mi cuarto y me trajo un recuerdo de esos días, fue tan fuerte que comencé a llorar y unos minutos después mi cerebro volvió a olvidarlo, es un mecanismo de defensa, de sobrevivencia (supongo). He estado un tanto intranquila desde entonces.

Hoy no me levanté a tiempo para cumplir con todas mis obligaciones, no puedo seguir dándome ese lujo pero me duele la cabeza y tengo ganas de llorar constantemente, dormir una hora más se sintió “bien”.

En una semana tengo cita con el psiquiatra nuevamente…

La obligación, necesidad y deseo de bienestar

Hace varios días que no escribo, me he mantenido ocupada y creo que eso es bastante positivo.

Ayer comencé a pintar y también entré a una nueva clase para ayudar a mi acondicionamiento físico. No he faltado a clase de tango, me cuesta mucho trabajo mantener el equilibrio, es un colateral del medicamento.

La semana pasada también me trajeron unas fotos para que las revelara, hacían falta unas 300 de más de 1000, y al acabar de revelar las 300 sin querer borré las otras 700. Eso habla de mi capacidad de concentración, sigue afectada.

Sigo durmiendo más de lo normal pero he logrado levantarme más temprano.

Estoy satisfecha con lo que he logrado hasta ahora.

Si tuviera que comparar mi enfermedad con alguna otra que se pudiera ver físicamente, la compararía con una embolia (infarto) cerebral. Es algo que se va desarrollando lentamente y sucede de manera súbita; en ambas de alguna manera el cerebro no es capaz de funcionar por una serie de tiempo,  durante un brote psicótico recibe información incorrecta, durante la embolia no recibe oxígeno suficiente.  Una embolia marca un antes y un después en la salud y la vida de las personas que la viven, se sufre daño cerebral, compromete la vida y en ocasiones deja secuelas permanentes.

Con la depresión, al grado en que yo la padezco sucede igual, solamente que el daño cerebral es “momentaneo”, y las secuelas físicas suelen desaparecer en semanas o pueden obviarse, negarse o esconderse. Yo estoy cansada de hacerlo pero mis comportamientos compulsivos me hacen buscar oportunidades para esconder mi depresión, eso y la necesidad y obligación de “estar bien”.

Lloro cuando nadie mira, mantengo largas charlas mentales conmigo y mis fantasmas, miedos, frustraciones… lloro en el autobús, cuando me baño, en soledad en mi cuarto o cuando no hay gente en casa.

Los enfermos de depresión deberíamos tener un indicador externo parecido a las tiras de Ph, para poder demostrar que no solo nos hacen falta “ganas de estar bien”. Nadie en su sano juicio estresaría a una persona que tiene apenas un par de meses de haber sufrido una embolia, nadie le haría sentir que tiene la obligación de estar bien, pues estoy segura que quién más ganas de estar bien tiene es el enfermo, tiene necesidad de estarlo.

Yo también tengo necesidad y ganas de estar bien, quiero tener el mayor bienestar físico y mental que me sea posible obtener, pero la recuperación lleva su tiempo y yo voy a mi ritmo. Hay proyectos que puedo tomar y otros que no me es posible por ahora (incluso por recomendación médica es mejor que por ahora no los tome), tengo planes para el verano pero es mejor no hablar mucho de ellos hasta comenzar a concretarlos.

Me siento mejor, aunque presionada. Comprendo cómo se ve la situación desde afuera así que escribo para que la gente pueda entender un poquito mejor como se siente adentro. Gracias a todos los que me quieren suficiente como para ayudar a activarme y desear que retome mi vida, siento mucha gratitud con ustedes; “despacio, que vas de prisa”, decía mi padre, y así voy por ahora, paso a paso, punta y talón, me lo enseña el tango.

¡Sean felices!

 

 

Un amante, un amigo, un amor.

Cuando tenía 14 años besé a alguien que me parecía muy guapo en un auto después de ir al cine, lo recuerdo porque aunque él no lo supo, ese fue mi primer beso. Diez años después trabajé con él hombro a hombro con la ilusión de emprender una pequeña empresa de muebles, cuando las cosas comenzaron a ponerse “serias” yo salí de la empresa por varios motivos: no era lo que soñaba, ya no sabía si él y yo eramos socios, amantes, amigos o amores; además de tener la deuda de mi educación profesional que me presionaba para ganar dinero a corto plazo.

Hacíamos un excelente equipo dentro y fuera de la empresa siempre y cuando dejásemos fuera a terceros. Después comenzamos a intoxicarnos juntos, a deprimirnos en lugar de hacernos bien.

El no ponerle nombre a las cosas es una manera de no poner límites, y sin ellos todo se vuelve muy complicado, de poca seriedad, es casi como tener un comodín bajo la manga.

Tal vez a los 25 o 26 años viví con él por un mes, terminamos muy mal -al menos yo lo hice- de mi amigo, mi socio, mi amante, mi amor, mi empresa. el perro, el hurón y la casa que ayudé a comenzar no volví a saber nada. Hasta hace unos días que recibí un mensaje.

Fue una de las pérdidas más grandes que he tenido, junto con ello perdí también la energía para volver a desarrollar proyectos, el trabajo de años y las cartas de trabajo y recomendación que me hubiesen sido útiles para justificar mi “no experiencia” en empresas.

No todo fue malo, con él aprendí a sudar.

La vida me ha demostrado que una de las mejores maneras de amar es sudando, y él y yo lo hicimos juntos por mucho tiempo. Me duele perder a la gente, pero esta vez también me ha dolido saber de él.

Ojalá podamos llegar a ser dos conocidos que lograron cerrar su historia juntos de la mejor manera y saber que no quedaron resentimientos entre nosotros, aunque por ahora parezca en mi alma muy difícil.

Horas de sueño / Nuevas dosis

He estado “triste”, duermo mucho, casi 11 horas al día. Por lo regular sufría de insomnio y usaba las noches para trabajar, eso me pasa desde la carrera, hace 10 años que me gradué, por cierto.

No estoy segura si son mis emociones, es el medicamento o es que mi cerebro aún necesita descansar esa cantidad de horas para rehabilitarse. A partir de hoy comienzo a tomar tres medicamentos en lugar de siete, y en pocos días se reducirán a dos, es un avance, a ver cómo me vienen las nuevas dosis.

Lo de hacer una cosa bien al día me ha funcionado, aunque lo que no he logrado es despertarme 8 am, me frustra mucho, ese horario no me permite hacer ejercicio por la mañana y mayormente siento que desperdicio las mañanas.

Estoy casi obligándome a escribir esta entrada, me estoy cansando un poco de escribir aquí, peeero luego creo que es parte de la enfermedad y del auto-sabotaje. La idea es ir viendo la mejoría y compartiéndola, documentando la experiencia.

Salí socialmente dos veces esta semana, hoy por la noche hay milonga y aunque quisiera creo que es demasiado pronto para reintegrarme, incluso por el horario, ahora por lo regular 10:30 pm estoy dormida.

Me cuesta mucho trabajo aceptar que por un tiempo voy a seguir viviendo en casa de mi madre, extraño mi estudio, aquí el único espacio que siento propio es mi habitación, y es pequeña, mi perro, mi gata, mi cama, mi caballete, un escritorio y yo definitivamente no cabemos. He estado durmiendo en el cuarto que era de mi hermano, para ver si así logro separar los espacios y trabajar más en mis dibujos pero aun no he podido. Tal vez necesite vitaminarme, duermo mucho y estoy cansada casi todo el tiempo.

¡Saludos!

¿Por qué no toqué el timbre? / El arte y mi vida

Mi personalidad es engañosa, cuando me miro en las fotos me doy cuenta que luzco muy distinta siempre, a veces creo que me sería posible tener 10 pasaportes diferentes sin problema alguno.

También sé camuflar mi depresión cuando es requerido, o eso creía, eso me hacía ser medianamente social y funcional. A partir de mi última crisis socializar es un reto casi más allá de mi. En cuatro años me veo dando charlas motivacionales para salir de la depresión, pero no sé bien cómo voy a lograrlo.

Me cuesta mucho iniciar las cosas, lo que sea (levantarme, salir, trabajar en casa, comenzar un cuadro, un escrito, un libro, una conversación), ayer fui incapaz de tocar un timbre, dejé la única litografía que pensaba entregar en persona, y lo hice por debajo de la puerta, tuve miedo de tocar el timbre, de que hubiera una respuesta, de que no la hubiera, de tener que hablar , de dar un abrazo; cualquiera de esas cosas me hubiese hecho llorar, odio llorar frente a las personas, solo mis mejores amigos (que por lo regular se convierten en ex-parejas) me han visto llorar como si fuese una cascada. Mis amigas me han visto muy triste y pocas veces estallar en llanto, siempre creo que debo ser fuerte ante ellas porque imagino que después estallaría un colectivo de llanto sin final aparente.

Una sola persona me dio el pésame por lo de Markus, me dio mucha paz y satisfacción el escucharla, me dio mi lugar en su historia, me hacía falta.

Escribo y pinto porque no sé qué más hacer para expresarme, parece que no sé hablar, lo he olvidado. Me cuesta trabajo incluso hacerlo por teléfono, necesito mejorar con urgencia mis habilidades sociales.

Crecí en una familia tan dividida que no había respuesta o actitud correcta, lo mejor para evitar oír fuertes discusiones entre mis padres era aislarse, no opinar, aprender a escuchar solo lo urgente; eramos dos bandos, o cuatro o individuos por su lado intentando hacer lo mejor que podían pero sin lograr comunicarnos ágilmente. En la casa que crecí reinaba el matriarcado, aunque fue y ha sido siempre un lugar con educación altamente machista, algo muy raro. Mi papá fue altamente depresivo, era alcohólico aunque dejó de beber cuando yo nací, mi mamá tenía demasiado con sus dos trabajos y un esposo que no producía dinero por encargarse del hogar (cuando podía) y mi hermano casi tres años mayor estaba tan acostumbrado como yo a evitar problemas que la comunicación entre nosotros se volvió mínima por varios años.

Tener esa guerra constante en mi cabeza me volvió una persona muy nerviosa e insegura, mi mayor triunfo era no causar problemas o nunca estar en casa aunque no siempre podía, conforme me hice mayor me volví muy rebelde y claramente las cosas se complicaron. Hubo épocas de mi vida en que mi objetivo del día era “simple”: no morir, no suicidarme ese día, pasar el día, no importaba de qué forma, pero sobrevivir, día a día.

Empecé a pintar a los catorce para expresarme, para conocerme, hubo cuadros que me llenaron de gozo y otros de muchísimo dolor. Hoy tengo ganas de pintar y no lo he hecho, no va a ser hoy el día en que retome el pincel, lo sé; estoy agotada mentalmente por no haber tocado el timbre ayer, aunque bueno también ayer me sonrieron en la alberca y por  primera vez en años devolví una sonrisa sincera en una alberca, no me gusta que la gente intente socializar en la alberca, me gusta nadar, voy a eso y me gusta aprovechar el tiempo sin distracciones.

Cuando estudiaba, el levantarme a nadar era lo que más me motivaba del día, así era como comenzaba los semestres que lograba acomodar correctamente mi horario, nunca quise competir, nadaba y en ocasiones sigo nadando por esos primeros segundos de la primera salida, esos segundos nunca pienso, simplemente siento el agua presionando cada tramo de mi cuerpo y lo disfruto, hasta que tengo que salir a respirar. Quiero volver a sentir eso con la pintura, disfrutarla, volverla el pasatiempo de mi vida, sin presiones y francamente sin altas expectativas. He comprendido que para mi un cuadro vale si se conoce su historia, si hay alguien que comprenda claramente su simbolismo, su diálogo, la manera en que pienso y el por qué de cada elemento; me agota. Tal vez deba considerar pintar pajaritos, focas o cosas bonitas en lo que vuelvo a arriesgarme a que alguien me conozca o a no terminar mi cuadro por una crisis nerviosa. Soy hipersensible, y alta… y bonita… y buena onda… y miles de cualidades más, que se desperdician porque estoy escribiendo desde mi cama porque si no es a nadar o a tango aun me da miedo salir, a ser rechazada, a no saber convivir o a saber disfrazarme tanto que la gente crea que lo tengo todo y comiencen a envidiarme (a veces pasa, aunque no lo crean).